Pili Egea

Hice clases de Técnica de Novela y Cuento en Aula de Lletres de Barcelona y un curso de Producción Editorial. Así como cursillos de Modernidad y Posmodernidad en la Literatura y también Realismo Mágico, he realizado varios cursos de Escritura Creativa con Mariona Masferrer.

He dado conferencias de literatura en el Instituto Arnau Cadell, así como, una charla para los niños del Casal de Les Planes.


Tengo dos libros de relatos titulados "En el aura de los versos" y "Blasa".

Siempre escribo sueños para que formen parte de mi realidad.

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Para contactar:
piliegea@gmail.com

Mi otro sitio:
http://www.piliegea.com

Mis Sueños Azules


En ocasiones los sueños que uno anhela son los más complejos de explicar o escribir, y si a eso le sumas que ese sueño ya lo has cumplido, la complejidad se multiplica. Eso me pasa ahora al intentar contaros mi experiencia, mi emoción o mi punto de vista al entrar por la puerta de la Casa Azul el 18 de agosto de 2007, como todos podéis saber hoy convertido en Museo Frida Kahlo.Como ya os contaré más a fondo en otra sección del blog mi admiración por el “mito Frida Kahlo”. Pero sí os adelantaré que hace unos trece años cayó en mis manos una de sus biografías y su personaje me enamoró totalmente. Desde ese momento no he parado de leer sobre ella, e incluso he viajado lejos para ver algunas de sus exposiciones. Aún es ahora, cuando veo o leo algo sobre ella me emociono al igual que lo hice al leer una primera biografía o al contemplar Las dos Fridas por primera vez.

Mi creencia es que todos tenemos que tener un “ídolo espiritual”, sea o no religioso. Un icono o un referente para poder guiarnos en la vida, siempre claro está, nunca dejando de lado nuestra propia personalidad. Yo no soy Frida y mi prima no soy yo. Pero ese referente es bueno tenerlo, cultivarlos y actualizarlos… yo ese referente lo cogí hace años. Es Frida Kahlo.

Pero a lo que íbamos, o sea a la Casa Azul, que para eso estamos en la sección Mis sueños Azules.
Si tuviese que describir el primer día que visite la Casa Azul de Frida podría decirlo en sólo cuatro palabras: No paré de llorar. A mí, en ese momento, me podría haber cantado La llorona. Creo que me convertí en otro motivo para ser mirada por los visitantes del museo. Me sentí mirada. ¡Menudo espectáculo que di!

Seguiré escribiendo…

Pili Egea